Las temidas RABIETAS !! Como afrontarlas desde la calma.

Las rabietas


La rabieta es la forma que tienen los niños de expresar emociones negativas como rabia o enfado que viene acompañada de llanto, gritos y pataletas ante el disgusto que sienten por no conseguir lo que quieren, ya que todavía no saben cómo gestionar su frustración.

Las rabietas habitualmente suelen aparecer alrededor de la edad de 12 a 18 meses, empeorando entre los 2 y 3 años. Hacia los 4 años, disminuyen y ya casi no se vuelven a presentar

A estas edades aparecen los primeros rasgos de su carácter, empiezan a tomar sus propias decisiones, comienzan a definir sus preferencias…algo muy necesario en la formación de su personalidad. No debemos pensar en las rabietas infantiles como algo negativo.

Según  Tania García de edurespeta:

 "Se dan, precisamente, porque su cerebro en desarrollo siente lo que siente, vive lo que vive y necesita expresarlo. Si coartamos esta expresión con una visión negativa y con juicios y acusaciones, potenciaremos cada vez más el poco entendimiento hacia lo que les pasa y hacia sus propias emociones".

Muchas veces nosotros mismos podemos anticiparnos a las rabietas ya que muchas vienen ocasionadas por cansancio, sueño, hambre y solo con cubrir sus necesidades básicas en esos momentos evitaremos las temidas pataletas.

Otras veces son comportamientos ante la frustración de que no se les concedan todos sus deseos o de que no sea de forma inmediata como ellos esperan.

Como actuar:

Durante la rabieta debemos protegerles para que no se hagan daño a ellos mismos, ni a terceros, y mantendremos una actitud calmada y respetuosa que sirva de ejemplo para su comportamiento.

Si la rabieta es muy intensa no nos servirá de nada intentar razonar con ellos, intentaremos ignorar su estado y acompañaremos con cariño al pequeño hasta que se calme.

Una vez que el niño se haya calmado es cuando debemos hablar con él, escucharle y razonar por qué se ha comportado así, cuál es la conducta que debería seguir, intentar que identifique las emociones que ha sentido y darle algunas pautas para ayudarle a comprenderlas, diferenciarlas y gestionarlas de forma adecuada. Les deberíamos dar opciones para canalizar sus sentimientos con ejemplos claros para que se sepan qué deben o no hacer y que es lo que esperamos de ellos.

Es conveniente ofrecer una explicación calmada de nuestras decisiones sin ceder a sus peticiones y manteniendo las reglas establecidas, así lograremos llegar a un entendimiento e incluso a poder negociar un punto medio que conforme a las dos partes.

Uno de los momentos que más nos incomoda es cuando pegan a otros niños, debemos ponernos en su lugar y no exigirle que se comporte como un adulto. Realmente es un niño pasando por una etapa difícil por la que muchos otros niños pasan.

Debemos explicarle que la agresividad no es el la solución a sus problemas, con un tono de voz suave y ofreciendo nuestro apoyo siempre, le preguntaremos que siente, y que solución podríamos darle a su problema. Esto no significa que estemos de acuerdo con que pegue pero sí que estamos ahí, aunque debemos hacerle ver que su forma de expresar el enfado no es correcta y que no nos ha gustado su comportamiento.

Si el niño siente nuestro apoyo dejará que le guiemos por el camino correcto y será un adulto que sabrá gestionar sus emociones, más seguro y más equilibrado.

Actividades de apoyo

Existen varias actividades que también pueden ayudarnos a enseñarles cómo gestionar las rabietas.

A mí me funcionó muy bien el cuento de la tortuga que os dejo a continuación:

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El cuento de la tortuga

Hace mucho tiempo, vivía una tortuga pequeña que se llamaba Torti. A Torti no le gustaba ir al colegio,le parecía horrible tener que leer y leer, y hacer esos terribles problemas de matemáticas que nunca entendía.
En clase, no escuchaba a la profesora y se pasaba el rato haciendo ruiditos que molestaban a todos.

A veces, intentaba trabajar, pero lo hacía rápido para acabar enseguida y se volvía loca de rabia cuando, al final, le decían que lo había hecho mal.
Cada mañana, de camino hacia la escuela, se decía a sí misma que se tenía que esforzar en todo lo que pudiera para que no le castigasen. Pero, al final, siempre acababa metida en algún problema. Casi siempre se enfadaba, además, una idea empezaba a rondarle por la cabeza: «soy una tortuga mala» y se sentía muy mal. Un día, se encontró con la tortuga más grande, vieja y sabia de la ciudad. La gran tortuga se acercó a la tortuguita y deseosa de ayudarla comenzo a hablar: - ¡Hola! -le dijo con una voz profunda- te diré un secreto: no sabes que llevas encima de ti la solución a tus problemas?.

Torti estaba perdida, no entendía de qué le hablaba.

 «¡Tu caparazón!» exclamó la tortuga sabia. Puedes esconderte dentro de ti siempre que te des cuenta de que lo que estás haciendo o diciendo te produce rabia. Entonces, cuando te encuentres dentro del caparazón tendrás un momento de tranquilidad para estudiar tu problema y buscar una solución. Así que ya lo sabes, la próxima vez que te irrites, escóndete rápidamente».

A Torti le encantó la idea y estaba impaciente por probar su secreto en la escuela. Llegó el día siguiente y de nuevo Torti se equivocó al resolver una suma, empezó a sentir rabia y furia, y cuando estaba a punto de perder la paciencia y de arrugar la ficha, recordó lo que le había dicho la vieja tortuga. Rápidamente encogió los bracitos, las piernas y la cabeza y los apretó contra su cuerpo, poniéndose dentro del caparazón. Estuvo un ratito así hasta que tuvo tiempo para pensar qué era lo mejor que podía hacer para resolver su problema. Fue muy agradable encontrarse allí, tranquila, sin que nadie le pudiera molestar.
Cuando salió, se quedó sorprendida de ver a la maestra que le miraba sonriendo, contenta porque se había podido controlar. Después, entre las dos resolvieron el error. Torti siguió poniendo en práctica su secreto mágico cada vez que tenía problemas, incluso a la hora del patio. Pronto, todos los niños que habían dejado de jugar con ella por su mal carácter, descubrieron que ya no se enfadaba cuando perdía en un juego, ni pegaba sin motivos. Al final del curso, la tortuga lo aprobó todo y nunca más le faltaron amiguitos.

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Este cuento les enseña a gestionar la rabia en 3 pasos muy sencillos

  • Parar cuando notemos que sentimos rabia
  • Respirar y relajarse mirando en nuestro interior como la tortuga en su caparazón
  • Pensar posibles soluciones una vez que somos capaces de calmarnos.


Muy similar es la "técnica del semáforo de las emociones":

  • Pintaremos un semáforo donde explicaremos que cada luz indica un estado de animo y como actuaremos .
  • Rojo: estamos muy enfadados debemos parar.
  • Amarillo: No estamos tan enfadados pero debemos empezar a relajarnos.
  • Verde: Estamos tranquilos y preparados para buscar soluciones.

Ejercicios de relajación o yoga: 

Trabajar con los niños este tipo de ejercicios también puede ayudarnos a canalizar la rabia y conseguir un estado más relajado.

Espero haberos ayudado en este tema.

¿Tenéis alguna técnica diferente para afrontar las rabietas?

Estaré encantada de leer vuestros comentarios.